Por Vivian Lavín

Acaso una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, Nueva York sorprende a sus visitantes y residentes. Como lo que le sucedIó a esta columnista que pensaba ya no podría visitar la instalación denominada “las puertas” de Christo y Jeanne-Claude en el Central Park y se encontró con que todavía estaban allí.

La oportunidad de viajar a Nueva York aunque sea por un par de días, permite hacerse una buena idea de cómo una ciudad puede tener una identidad tan definida y única y que ésta radique, justamente, en su variedad.

Centro financiero mundial, adalid de la moda, vanguardia en el arte, crisol cultural y desde hace 4 años, también la ciudad símbolo y de peregrinación al dolor.

Nueva York acostumbra a sorprender no sólo a quienes allí viven, sino que en especial, a quienes la visitan. Hace una semana aparecía en un matutino nacional la noticia que la instalación realizada en el Central Park por la pareja de artistas Christo y Jeanne-Claude se desmontaba. Con la desazón a cuestas, el paseo por el famoso parque pese a las bajas temperaturas de un invierno que no quiere irse, era una obligación. Para nuestra sorpresa, en medio de los árboles desnudos y los suelos blancos por la nieve, aparecieron los paños naranjos volando con el viento. Es decir, las famosas puertas seguían allí. Y claro, si bien el desmontaje había comenzado hacía unos días, quitar las 7 mil 500 estructuras de fierro apostadas en los más de 30 serpenteantes kilómetros de caminos peatonales no resulta una tarea que se pueda hacer de un día para otro.

A primera vista se podría pensar que esta instalación es casi un “sacar y poner”. Por esto resulta sorprendente enterarse que detrás de estos marcos metálicos de los que cuelgan cortinas color azafrán – como insiste Jeanne-Claude, aunque para el ojo no experto resulte naranjo- hayan años de trabajo. Exactamente, 25 años.

Cuando estuvo Christo en Chile hace un par de años atrás, este artista búlgaro de nombre único y cuyo trabajo ha consistido en cubrir sitios famosos, como el antiguo Parlamento Alemán en el año 1995, se especuló en torno a la posibilidad de que hiciera lo mismo con algún lugar o monumento criollo. En verdad, se trataba más que nada de la esperanza de que se inspirara y manifestara su interés. Porque es bien sabido que no hacen trabajos por encargo ni tampoco reciben un pago por ello.

Y es que muchos pensaban que para desarrollar este tipo de intervenciones se requiere sólo del dinero y la voluntad de hacerlo. ¿Qué presidente o alcalde le podría negar a su ciudad el honor de ser elegida para un acto de arte de estas características? Pues Nueva York negó en sucesivas oportunidades a esta pareja de artistas que vive en esa ciudad desde hace 40 años, realizar allí sus clásicas instalaciones. Las propuestas iniciales tuvieron que ver con edificios del bajo Manhattan. Luego, cubrir el Museo de Arte Moderno, el de Arte Americano y otros. Todos recibieron un No por respuesta a pesar de que el reconocimiento a su trabajo crecía año tras año. Finalmente, el año 1979 se inspiraron en uno de los sitios más emblemáticos de esta ciudad estadounidense, el Central Park. Y aunque fue negado en su primera instancia, el año 2003 fue aceptado para su concreción en febrero del 2005. Con todo, luego vinieron años de desarrollo del proyecto con cientos de bocetos pero también de una serie de entrevistas y reuniones con ingenieros y vecinos de una ciudad.

“Las puertas” son un espectáculo que puede ser disfrutado con mayor propiedad por un público acostumbrado a las intervenciones artísticas en espacios públicos, por personas que se prestan para jugar en este ir y venir bajo telas de color azafrán pero que no intentan, como seguramente habría sucedido acá, ni rayarlas con graffitis ni llevarse un pedacito de recuerdo para la casa.